<p>Su enfermedad la anunció hace un año su mujer, la también escritora Siri <br />Hustvedt, con un texto muy hermoso en el que decía que se habían trasladado a <br />vivir a Cancerland, «un lugar donde en realidad nadie vive, solo espera». Por <br />desgracia, y aunque todos sus lectores deseábamos profundamente que saliera de <br />ese «país del cáncer» cuanto antes, no ha podido ser y ha fallecido en su casa <br />de Brooklyn, el barrio de Nueva York que tanto amaba y que tanto retrató en sus <br />novelas<br></p>
